Desde que Donald Trump retomó la presidencia en enero de 2025, la relación entre EE. UU. y Ucrania ha tomado un rumbo que, aunque inesperado para algunos, resultaba previsible para otros. En el contexto de la guerra con Rusia, la administración Trump ha reconfigurado los términos de la asistencia estadounidense, condicionándola a la cesión del 50% de los recursos minerales y energéticos ucranianos a cambio de apoyo financiero y militar. Esta estrategia ha generado reacciones diversas en Kiev y la Unión Europea, al tiempo que redefine el papel de EE. UU. en la contienda global.
La estrategia de Trump se inscribe dentro de una lógica de negociación puramente transaccional, donde la seguridad y la estabilidad regional parecen quedar subordinadas a beneficios económicos inmediatos para Estados Unidos. Como señala Stephen Collinson, el acuerdo de cesión de minerales es una «metáfora perfecta» del enfoque de Trump en política exterior: una operación financiera disfrazada de diplomacia. Este tipo de negociación no solo debilita la posición de Ucrania en futuras conversaciones, sino que también mina la confianza de sus aliados y genera incertidumbre sobre la seriedad del compromiso estadounidense con la estabilidad global.
Una negociación efectiva no puede limitarse solo a transacciones; debe integrar una visión estratégica que garantice relaciones sostenibles y equitativas. Si bien el intercambio de beneficios es esencial, el verdadero éxito radica en la generación de valor estratégico a largo plazo: confianza, estabilidad y compromisos que trasciendan los intereses inmediatos. Desde esta perspectiva, la estrategia de Trump podría no solo poner en riesgo la posición de Ucrania, sino también debilitar el liderazgo global de EE.UU, permitiendo que potencias adversarias amplíen su influencia.
En este sentido, Trump parece haber «cedido a todas las exigencias de Putin«, incluyendo la exclusión de Ucrania de la OTAN y la aceptación de pérdidas territoriales como un supuesto sacrificio en aras de la estabilidad. Esta postura representa una claudicación diplomática que podría sentar un precedente peligroso en la geopolítica global, debilitando la credibilidad de Occidente y proyectando una imagen de fragilidad estratégica.
En negociaciones de esta magnitud, no se puede ceder ante presiones externas sin garantizar contraprestaciones estratégicas que fortalezcan la posición negociadora. En este caso, el acuerdo propuesto por Trump parece beneficiar desproporcionadamente a Rusia, dejando a Ucrania con un margen de acción cada vez más reducido. Si esta tendencia se mantiene, Ucrania podría perder no solo territorios, sino también su capacidad de actuar como un actor soberano en la región.
John Bolton (conservador), exasesor de Seguridad Nacional, ha criticado con dureza la estrategia, afirmando que «Trump se ha rendido efectivamente a Putin antes de que las negociaciones hayan comenzado». Bolton sostiene que cualquier concesión prematura sin condiciones claras y verificables es vista como una debilidad y podría incentivar a Rusia a seguir ejerciendo presión sobre Ucrania y otras naciones de la región.
Tal y como afirma Jeswald W. Salacuse, una negociación efectiva debe considerar el equilibrio de poder y evitar situaciones en las que una parte domine completamente el proceso. En este caso, la estrategia de Trump podría interpretarse como una posición de debilidad, en la que EE. UU. está cediendo su capacidad de influir en los acontecimientos en Europa del Este y favoreciendo directamente a Rusia.
El Reacomodo Geopolítico de Europa
Europa se encuentra en una encrucijada histórica. Durante décadas, su seguridad ha dependido del paraguas estadounidense, pero la incertidumbre sobre el compromiso de Washington la obliga a considerar tres escenarios estratégicos:
1. Mayor autonomía estratégica: Figuras como Josep Borrell, ex Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, han advertido que Europa debe asumir el liderazgo en su propia seguridad, señalando que se está produciendo un «divorcio no consentido» entre ambas orillas del Atlántico. Francia y Alemania han impulsado una mayor independencia en defensa, con un énfasis en la inversión militar y una menor dependencia de la OTAN. Sin embargo, esta mayor independencia no está exenta de resistencias. Países del este de Europa, como Polonia y los Bálticos, siguen viendo a EE. UU. como su principal garante de seguridad y se oponen a cualquier iniciativa que debilite la OTAN.
2. Acercamiento a China y los BRICS: La UE ha explorado un equilibrio en sus relaciones internacionales, manteniendo un canal abierto con China. Aunque existen tensiones, analistas han destacado que Europa busca diversificar sus alianzas económicas y reducir su dependencia de socios tradicionales (Política Exterior).
3. Neutralidad armada: Si bien este escenario no ha sido ampliamente discutido, la incertidumbre sobre el compromiso de EE. UU. ha llevado a algunos sectores en Europa a considerar una postura más autónoma en defensa, con una estrategia de autosuficiencia militar sin alineación total con Washington.
Desde el campo conservador, analistas como James Carafano (Heritage Foundation) sostienen que, aunque EE. UU. debe continuar apoyando a Ucrania, Europa debe asumir un rol mucho más activo en su propia defensa. Frederick W. Kagan, del American Enterprise Institute, advierte que un triunfo de Rusia podría desestabilizar el orden global y fortalecer a China e Irán, erosionando la posición de EE. UU. Estos argumentos refuerzan la idea de que la estrategia de Trump no solo redefine la relación con Ucrania, sino también la arquitectura de seguridad global.
El debate sobre la autonomía europea ha cobrado aún más relevancia con las declaraciones de Friedrich Merz, próximo canciller de Alemania, quien ha afirmado: «Mi absoluta prioridad será fortalecer Europa lo más rápido posible para que, paso a paso, podamos realmente lograr la independencia de Estados Unidos». Merz también ha propuesto la creación de un Consejo de Seguridad Nacional en Alemania para coordinar la política exterior y de defensa del país, reforzando la idea de que la UE se está preparando para un futuro en el que no dependa exclusivamente de Washington para garantizar su seguridad.
El Valor del Enfoque Multilateral
Un enfoque multilateral no es un ejercicio de idealismo ni una mera aspiración diplomática; es una decisión estratégica fundamentada en intereses tangibles y ventajas concretas. La historia demuestra que la cooperación entre aliados fortalece la posición negociadora, reduce riesgos de incumplimiento y genera compromisos más sostenibles. En este contexto, actuar de manera unilateral no solo debilita la influencia de Estados Unidos en la región, sino que también amplifica la capacidad de sus adversarios para explotar las fisuras en el orden internacional.
Trump parece haber “cedido a todas las exigencias de Putin”, incluyendo la exclusión de Ucrania de la OTAN y la aceptación de pérdidas territoriales como un supuesto sacrificio en aras de la estabilidad. Esta postura representa una claudicación diplomática que podría sentar un precedente peligroso en la geopolítica global.