Transparencia Internacional ha etiquetado a España con el poco halagüeño término de “democracia defectuosa”. En su Índice de Percepción de la Corrupción ha descendido diez posiciones, cayendo al puesto 46 de 180. Se alinea al reporte del Banco Mundial que considera que España es la potencia económica donde más retrocede la democracia.
Las razones, muchas y variadas. Además de la imputación por diferentes delitos de la esposa y el hermano de Pedro Sánchez, presidente del gobierno, y altos cargos del PSOE, como su ex mano derecha José Luis Ábalos, los organismos internacionales ven con preocupación la tendencia de Pedro Sánchez a gobernar por decreto. Sus propuestas no son aprobadas por el poder legislativo porque no tiene mayoría y se sostiene en el poder por los votos de los proetarras y los golpistas catalanes, que le premian cuando “se porta bien” y le castigan si no obedece. Es el presidente rehén.
Hasta el Fiscal General está imputado. En su caso, por revelación de secretos. Una información filtrada desde su despacho para perjudicar a la pareja de una líder política de la oposición.
Con todo, lo más penoso es el retroceso en la convivencia democrática que alienta el PSOE. Un ejemplo, Navarra. Es la comunidad autónoma donde más delitos de odio se registran. En los últimos cuatro años la motivación para esta violencia ha sido política: agresiones, amenazas, intimidación, cometidos contra quienes no piensan como los independentistas vascos. El PSOE ha pactado en esta comunidad con los proetarras para hacerse con el gobierno autonómico y la alcaldía de su capital, Pamplona.
Mientras, los escándalos de corrupción del gobierno de Sánchez que revela la prensa tienen un destino común. República Dominicana aparece constantemente citada en medios periodísticos y redes sociales y calificada de paraíso fiscal. Publicidad indeseada que no remite.